Cuando decidió crear una fábrica de automóviles deportivos de lujo, Ferruccio era muy rico: ya en la primera posguerra había fundado su fábrica de tractores, que había impulsado con energía y determinación creando un verdadero punto de referencia para el sector.
A comienzos de los años Sesenta, Lamborghini era pues un hombre de éxito, fuerte y con ideas claras; pero cuando dijo que habría fabricado el mejor coche superdeportivo de siempre, muchos pensaron que se había vuelto loco y que esta extravagancia no habría aportado ningún beneficio.
El año siguiente, en 1964, fue presentada la versión de serie del prototipo: el 350 GT, seguido enseguida después por el 400 GT, fabricado en 120 unidades.
El entusiasmo arrasador de Lamborghini llevó a sus mecánicos e ingenieros a crear automóviles siempre más asombrosos y vanguardistas, como el Miura, el Islero, el Espada y el Jarama.
No obstante el aumento de la producción y de sus empleados, Ferruccio Lamborghini tuvo siempre un papel clave y estratégico en la historia de la empresa; a él se debe la célebre tradición de nombrar los coches con nombres de toros de lidia, valientes, fuertes y temibles, precisamente como sus automóviles.
Ferruccio Lamborghini falleció en su finca en 1993, con 76 años de edad. En su honor, cien años después de su nacimiento, debuta el Lamborghini Centenario, pensado para celebrar su personalidad visionaria, valiente y única.